Transparencia, transparencia

Por: Editorial. Crónica del Quindío

Noviembre 22 de 2018

Apenas 20 años de Transparencia por Colombia, y se insinúan ya las bases de una cultura de transparencia que denota claramente una cultura de lucha contra la corrupción.

A propósito del aniversario 20 de Transparencia por Colombia, serían muchas las disquisiciones que se podrían hacer. Sin duda, ha sido una iniciativa que ha impulsado la cultura de la transparencia y en un país en el cual el sembrado de corrupción se volvió ‘yerba mala’ y copó todo el territorio, un concepto de monitoreo, investigación y denuncia ha ayudado por lo menos a que el Estado colombiano entienda que el tema de la lucha anticorrupción debe trascender una oficina muy encopetada de un alto consejero o zar, para constituirse en una gruesa y transversal estrategia de gobierno y de Estado que de la mano con leyes de verdad, le pongan dientes a esta guerra frontal contra los corruptos encarnados en mafias y entramados nacionales y multinacionales, que hace rato superaron el daño y la tragedia dejada por guerrillas y paramilitares.

La lucha contra la corrupción, con la realidad yuxtapuesta de innumerables oficinas municipales de transparencia, se ha quedado en un saludo municipal, departamental o bien nacional, a las banderas locales, regionales y nacionales. Por momentos las oficinas o personajes encargados de diseñar y ejecutar las estrategias pedagógicas, preventivas y correctivas de la acción integral contra la corrupción, se han quedado atrapadas en burocracia o en pencas de cenicienta sin zapatos y sin presupuesto como para caminarle seriamente al asunto.

Es que es difícil entronizar las políticas sostenidas y eficaces de la lucha contra la corrupción, sobre todo oficial, cuando los entes de control y vigilancia, son en su mayoría elegidos y escogidos por muchos—también de los mismos— raponeros del erario y por muchos —de los mismos— líderes de entramados politiqueros y criminales que han azotado históricamente las regiones y han desangrado gota a gota las provincias y el propio corazón de la patria.

A Transparencia por Colombia hay mucho que agradecerle como referente en este tema y su presencia y acción han obligado al gobierno nacional a asumir ciertos esfuerzos y políticas para extender su responsabilidad institucional y misional a las distintas regiones de Colombia. Bien cierto es que las castas corruptas aplican muy hábilmente aquello de que hecha la ley hecha la trampa. Pero con todo y eso, desde sus oficinas de enlace y copamiento, este órgano orientador y articulador ha sembrado importantes derroteros.

Entre los frentes más significativos están el Índice de Transparencia de las Entidades Públicas, Itep, es una iniciativa de la sociedad civil que busca contribuir a la prevención de hechos de corrupción en la gestión administrativa del Estado. La Mesa de Sociedad Civil para la Transparencia en las Industrias Extractivas es una iniciativa de la cual hacen parte organizaciones sociales y académicas de distintos lugares del país; ‘Cuentas claras’, que es una herramienta que permite a los candidatos y las organizaciones políticas reportar los movimientos contables de sus campañas de acuerdo con lo estipulado en el marco normativo colombiano. A su vez, esta herramienta permite hacer más eficaz, eficiente y transparente el proceso de recolección, sistematización y rendición de cuentas de la financiación de campañas y partidos, y entre otros, el Centro de Asesoría Legal Anticorrupción, Alac, que es un servicio independiente de asistencia legal gratuita a los ciudadanos que deseen denunciar ante las autoridades competentes presuntos casos de corrupción.

Transparencia, transparencia sigue implacable e infatigable persiguiendo la corrupción, los años que fueron necesarios. El Quindío clama tu presencia, tu determinación y tu justicia.

Tomado de: https://www.cronicadelquindio.com/noticia-noticia_opinion-titulo-transparencia-transparencia-cronica-del-quindio-op-19562

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