La tragedia de los proyectos anticorrupción

Opinión- 22 de Junio de 2019

Que los proyectos anticorrupción se hayan hundido desgasta innecesariamente un discurso anticorrupción que requiere seriedad, transparencia, urgencia y visión. La buena noticia es que el camino se puede corregir.

Difícilmente se puede pensar en una mejor oportunidad política que la generada luego de la Consulta Popular Anticorrupción del 26 de agosto de 2018: capitalizar más de 11 millones de votos a favor de una causa que cuenta con un consenso nacional, para la cual las metas eran relativamente sencillas de alcanzar y que en pocos meses se podría traducir en una victoria indiscutible. Todo sucedió al revés.

La votación más amplia de la historia de Colombia rápidamente provocó un consenso político que alcanzó para una foto pero que se tradujo en una multiplicidad de proyectos de ley desarticulados e incluso con contradicciones entre ellos, que incluían iniciativas legislativas de casi todos los partidos, el Gobierno y los órganos de control.

El consenso se convirtió en desorden, en demoras inexplicables de la declaración de urgencia para los proyectos por parte del Gobierno, en peleas de protagonismos desde distintas orillas políticas, y en el incumplimiento por la promesa del Presidente de lograr que las iniciativas fueran aprobadas en diciembre de 2018.

Ese escenario ya era preocupante. La agenda legislativa del 2019 iba a ser más compleja por cuestiones estructurales, como la discusión y aprobación del Plan Nacional de Desarrollo, y coyunturales, como las objeciones a la JEP.

«Varias iniciativas anticorrupción ya se habían hundido -incluyendo la controversial propuesta de reducción de salarios y la limitación de períodos de reelección para cargos de corporaciones públicas que se hizo en la Cámara de Representantes»

Varias iniciativas anticorrupción ya se habían hundido -incluyendo la controversial propuesta de reducción de salarios y la limitación de períodos de reelección para cargos de corporaciones públicas que se hizo en la Cámara de Representantes-, sin embargo esto despejó el desorden y dejó algunas iniciativas vivas: la divulgación de declaraciones de bienes, renta y conflictos de interés; el uso de pliegos tipo en la contratación pública, discusión participativa de presupuestos públicos; la rendición de cuentas de congresistas;  el proyecto de ley de la Fiscalía que incluía la eliminación de la casa por cárcel; y el proyecto de probidad de la Procuraduría y el Gobierno.

«El cierre de la legislatura nos trajo lo que La Silla Vacía ha denominado como “una novela muy propia de este primer año legislativo del presidente Iván Duque”, cuya principal tragedia es mantener el beneficio de la casa por cárcel a los corruptos»

Posiblemente esas han sido las iniciativas más relevantes de la “ola de proyectos de ley anticorrupción”. La posibilidad de impulsarlas parecía mantener algo de oxígeno y varios congresistas -no necesariamente respaldados plenamente por sus partidos- siguieron en la tarea de impulsarlos.

Pero el tiempo se agotó y el cierre de la legislatura nos trajo lo que La Silla Vacía ha denominado como “una novela muy propia de este primer año legislativo del presidente Iván Duque”, cuya principal tragedia es mantener el beneficio de la casa por cárcel a los corruptos, pero que de fondo deja un desgaste innecesario en el discurso público anticorrupción buscando responsables por el hundimiento del proyecto de ley propuesto por la Fiscalía General de la Nación.

¿Chacón, Macías, Vallejo, Cristo, la Ministra del Interior, los tiempos del Senado, los tiempos de la Cámara, contenidos complejos que requerían mucha discusión…etc.?

Todo esto parece un mal chiste si consideramos, por ejemplo, que ese proyecto de ley fue radicado el 20 de julio de 2017 o que en su momento varios Senadores acordaron aplazar su discusión hasta tanto se nombrara un nuevo Fiscal General de la Nación.

La controversia reflejada en el popular hashtag #GanaronLosCorruptos nuevamente despertó una fuerte indignación ciudadana. Pero las disculpas entre los protagonistas de esta novela parecen una cortina de humo frente a una realidad: la explicación de fondo radica en una falta de decisión y liderazgo político para sacar adelante los proyectos y para darle un verdadero impulso desde la institucionalidad pública a la lucha contra la corrupción.

Las cifras hablan por sí solas. El mismo jueves 20 de junio El Espectador publicó que según la encuesta YanHaas, “el gobierno Duque se raja en cuanto a la percepción ciudadana de su lucha contra la corrupción: el 73% cree que está haciendo mal las cosas en este ítem”.

Muy rápidamente el Presidente Duque -como lo hizo luego de la Consulta Anticorrupción- ha anunciado que radicará un nuevo proyecto de ley al inicio de la próxima legislatura incluyendo la eliminación del beneficio de la casa por cárcel y varios otros temas sin duda relevantes para la lucha contra la corrupción.

«Qué bueno sería ver al Presidente y a la Vicepresidenta defendiendo a capa y espada estos proyectos anticorrupción en la nueva legislatura»

El Presidente, al igual que la Vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, no han ignorado ninguna de las palabras clave en sus discursos anticorrupción, pero el problema ha estado en traducirlos en resultados concretos.

A esto se agrega la aprobación en el Plan Nacional Desarrollo de iniciativas anticorrupción que sin duda tienen sentido, pero que requieren priorización, visión, recursos y capacidad técnica -hoy lastimosamente no reflejada en una Secretaría de Transparencia suficientemente robusta- para, nuevamente, lograr resultados concretos.

El cambio en las relaciones con el Congreso que el Gobierno ha planteado al negarse a repartir mermelada es el que precisamente debe aprovecharse para dar una discusión seria, pública, transparente, libre de peleas de protagonismo pero con liderazgo y decisión, para sacar adelante lo poco que queda de la “ola de proyectos anticorrupción” y a las nuevas iniciativas que anunció el Presidente desde Suiza.

Qué bueno sería ver al Presidente y a la Vicepresidenta defendiendo a capa y espada estos proyectos en la nueva legislatura –ayudando de paso a la Ministra del Interior que ha quedado muy desgastada por el inexplicable “error involuntario” de confusión de conciliadores el jueves pasado.

La lucha contra la corrupción bien liderada, sin populismos, técnicamente sustentada y con resultados concretos, es una gran aliada, pero se convierte en un boomerang que a la vuelta de la esquina cobra un alto precio a quien la manipula.

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