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Nunca un villano se ve tan malvado como cuando se mete con la comida de los niños. Le pasó al señor Burns, en Los Simpson, cuando, justo después de tapar el sol, quiso robar la colombina de Maggie. También al señor Scrooge, en Cuento de Navidad, cuando su infinita tacañería dejó a los hijos de su empleado sin cena de Noche Buena.

Puede que estemos lejos del pintoresco Springfield o de la victoriana Inglaterra, pero en Colombia parece que los hay mucho peores: nuestros villanos fueron tras el dinero del que dependía la alimentación de los estudiantes de colegios públicos del país, obligando a miles de niñas y niños a pasar todo el día con apenas una mediocre ración de comida y dejando morir de desnutrición a cientos de ellos por cuenta de la corrupción en el Programa de Alimentación Escolar (PAE).

Burns recibió el repudio de todo el pueblo y Scrooge fue atormentado por los fantasmas navideños, pero en nuestro país algunos de los operadores que tomaron el dinero pero no entregaron la comida mantienen sus contratos; los gobernantes locales que por acción u omisión lo permitieron continúan mandando, y el Ministerio de Educación y el ICBF, entidades que entregaron las licitaciones pero no hicieron los controles necesarios, se ven cómodas señalando culpables sin hacerse ninguna autocrítica. Y en medio de este absurdo queda la sensación de que los ciudadanos no nos hemos indignado tanto como los horrores del caso lo exigen.

Pero esta historia también tiene héroes. Y nadie los personifica mejor que la maestra Claribel Rodríguez, quien con un simple video grabado con su celular logró que la situación de un colegio en Aguachica (Cesar) se convirtiera en símbolo de la corrupción del PAE. Así probó que una persona sí puede hacer la diferencia y que el control ciudadano puede ser remedio contra la corrupción.

Si una sola maestra, con un viejo y desgastado celular, fue capaz de ponerle rostros a la tragedia de la corrupción, llevar el tema al radar de la opinión pública y obligar a las instituciones estatales a pronunciarse, ¿hasta dónde puede llegar Transparencia por Colombia con el Monitor Ciudadano? Estamos trabajando para responder a esta pregunta siguiendo de cerca el caso PAE.

Lo tremendo de esta historia es que parece el cuento de nunca acabar: cada día hace más evidente que la corrupción tiene efectos personales y devastadores entre los más vulnerables, que atenta contra los Derechos Humanos e incluso que puede matar. Lamentablemente, el final feliz de “fueron felices y comieron perdices” solo será posible si cada cual se pregunta, pensando en los niños desnutridos que dejó la corrupción, ¿qué estoy haciendo como ciudadano para luchar contra la corrupción? En Transparencia por Colombia nos lo cuestionamos cada día y sin echarnos cuentos.