CapturaMayo 26 de 2016

Posiblemente algunos lectores han escuchado el dicho “el tono hace la música”. Este lo utilizaban las abuelas y las mamás para indicar que lo más importante no siempre es lo que se dice, sino la manera como se dice.

En los últimos meses, tanto en redes sociales, como en los medios de comunicación convencionales y en eventos públicos, ha ido subiendo el tono del lenguaje y de la confrontación entre contradictores de las negociaciones que se están llevando a cabo en La Habana. A diario se escuchan declaraciones de algunos funcionarios públicos, dirigentes y ex dirigentes –incluyendo ex presidentes-, políticos y congresistas que de manera sistemática descalifican las propuestas y decisiones del gobierno, jueces, magistrados y del propio congreso en torno a dicho proceso, utilizando unos términos y argumentos que desvían el debate de fondo y personalizan las discusiones. Incluso con frecuencia es difícil diferenciar si se trata de posturas sustentadas en hechos factuales o si por el contrario responden a aspiraciones e intereses particulares y a oportunismo político. Sin embargo, quienes legítimamente critican el actual proceso de paz, los procedimientos utilizados o algunas de las decisiones adoptadas, tampoco han estado exentos de ataques y descalificaciones verbales y han sido objeto igualmente de calificativos desbordados.

Lo preocupante no es que el proceso de paz genere controversias. Al fin y al cabo se trata de uno de los hechos más significativos de la historia del país en las últimas seis décadas. Las decisiones que se adopten seguramente van a definir si persiste la violencia tal como se ha vivido o se inicia una nueva etapa con una visión de futuro diferente. Pero posiblemente también van a incidir en la manera de hacer política y de acceder al poder, de participar en las decisiones que afectan la vida de las comunidades y de acceder a los bienes y servicios públicos.

Es precisamente por la trascendencia de estas implicaciones que la deliberación no solo es ineludible sino necesaria. Lo que debe evitarse no es el disenso y la controversia, sino la intolerancia y la agresividad con las que diferentes actores están enfrentando el debate.

Estas contrastan con la manera como muchas de las víctimas del conflicto armado han manifestado su disposición de perdonar a sus agresores y han sido partícipes de manifestaciones de reconciliación. Son ellas quienes nos dan ejemplo y las que le han puesto el tono apropiado a la música.

Elisabeth Ungar Bleier

Directora Ejecutiva de Transparencia por Colombia

@eungar1

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