CapturaMayo 12 de 2016

Frecuentemente se relacionan ineficiencia, cartelización y politiquería con corrupción.  Si bien en muchos casos hay una correspondencia directa entre estos fenómenos, en otros ésta no es tan evidente.  Esto genera confusiones y puede ser utilizado como excusa para eludir responsabilidades y para no llamar las cosas por su nombre: corrupción y faltas éticas.  Con relación a la ineficiencia, ésta puede generar condiciones y riesgos que facilitan o favorecen acciones corruptas y ser utilizado para ocultar la posible ocurrencia o minimizar estos hechos.

Algunos casos que se han  presentado en los últimos meses sirven de ejemplo de estas  situaciones.  Uno es la ampliación de la Refinería de Cartagena, REFICAR, que está siendo investigado por  la Contraloría por los multibillonarios sobre costos en los que se incurrió en la ejecución de esta obra.  Unos funcionarios y empresarios entrevistados han insistido en que no se trató de corrupción, sino de ineficiencia en la ejecución de la obra por parte de los contratistas.  Pero aún si este fuera el caso, quedan muchas preguntas por resolver.  Por ejemplo, ¿por qué se optó por la modalidad de contratos abiertos que les permiten a los contratistas agregar costos no previstos inicialmente, por qué se habla de una “feria de contratos”? ¿Por qué la Contraloría ha afirmado que una de las empresas extranjeras involucradas está ocultando información? ¿Por que se nombró a una firma sin experiencia para adelantar la obra?  ¿Quién o quienes se beneficiaron de estas decisiones y a cambio de qué?  Todas estas preguntas podrían estar indicando que además de ineficiencia hubo corrupción.

Otro tema que ha generado polémica sobre la naturaleza del delito involucrado y su eventual relación con la corrupción es el de los carteles de los pañales, el papel higiénico, los cuadernos y el azúcar, entre otros.  Si bien en sentido estricto es un tema que afecta la libre competencia, y tradicionalmente no se lo vincula con acciones corruptas, no es descabellado pensar que en el proceso de construir los acuerdos entre los funcionarios de las empresas competidoras, se hubieran presentado prácticas como el soborno entre privados, además faltas graves contra la etica empresarial.

En cuanto a la politiquería, su vínculo con la corrupción es evidente. Basa su accionar en el intercambio de votos y apoyos por puestos, favores y contratos, mediante el uso de presiones indebidas e incluso ilegales; favorece la opacidad en actuaciones que por su esencia deberían ser públicas y se estructura en torno a redes que se apropian de bienes y servicios públicos y capturan la institucionalidad estatal para beneficio particular.  El caso más emblemático y grave es el de la alimentación escolar, donde redes de políticos, funcionarios públicos y contratistas se aliaron para hacerse a millonarios contratos a costa de la salud y la vida de miles de niños.  Esta es sin duda la peor forma de corrupción porque el daño social causado es de incalculables proporciones y viola derechos fundamentales. Por eso las victimas deben ser reparadas y los culpables sancionados sin contemplaciones.

 

Elisabeth Ungar Bleier

Directora Ejecutiva de Transparencia por Colombia

@eungar1